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    La llegada de la fibra óptica puede cambiar una vida. Eso es lo que le ocurrió a Gloria Matamoros, una diseñadora gráfica de 45 años que decidió dejar Barcelona y mudarse a Casavells, un pequeño pueblo de unos 200 vecinos.

    Gloria quería un cambio de vida y apostó por vivir en el entorno rural, pero para poder hacerlo necesitaba algo imprescindible: una buena conexión a Internet para teletrabajar.

    Al instalarse en su nueva casa, comprobó que no tenía fibra óptica. Varias compañías le dijeron que no podían ofrecerle el servicio o le pidieron hasta 1.500 euros para realizar la instalación, un precio que consideró excesivo al vivir de alquiler.

    Finalmente, contactó con Adamo, que le dio una solución rápida. El mismo día enviaron un técnico y, en solo dos días, Gloria ya tenía conexión de alta velocidad por un coste mucho menor.

    “Necesito una buena conexión porque trabajo con archivos muy pesados. Sin Internet no podría vivir ni trabajar aquí”, explica Gloria, que ahora puede teletrabajar sin problemas desde su casa en el pueblo.

    La fibra óptica instalada le permite disfrutar de 1 Gb de velocidad, la misma que se puede encontrar en grandes ciudades como Madrid. Además, tanto ella como su pareja pueden conectarse al mismo tiempo desde distintas plantas de la vivienda sin perder calidad.

    Gracias a esta conexión, Gloria ha podido mantener su trabajo y su nueva vida lejos de la ciudad. Un ejemplo de cómo la mejora de las comunicaciones ayuda a fijar población, atraer nuevos vecinos y luchar contra la despoblación en el medio rural.

     

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    telecomunicaciones
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