Antonio Iruela Higueras destaca por una trayectoria de entrega y compromiso social a través de diversas entidades. El pasado mes de mayo, la Diputación Provincial le distinguió con el Premio a los Valores Sociales y Constitucionales, un reconocimiento a su labor continuada y discreta en favor del bienestar de los vecinos de Yuncos y de la comarca, en un contexto de rápido crecimiento demográfico en la zona.
¿Qué sentiste al recibir este reconocimiento de una institución como la Diputación de Toledo?
En un principio sentí sorpresa y cierta vergüenza. Recibí la llamada de la presidenta de la Diputación anunciándome el galardón, el cual yo desconocía por completo. Mi labor siempre se ha desarrollado en mi entorno cercano, con mi gente, y no me explicaba cómo podían conocer mis acciones.
Posteriormente supe que el Ayuntamiento de Yuncos presentó la semblanza que redacté cuando fui pregonero como candidatura al galardón. Agradezco sinceramente al Ayuntamiento que pensara en mí, así como a la Diputación y al jurado por otorgarme este premio. Al principio experimenté una especie de «síndrome del impostor», pues realizo esta labor de forma voluntaria, sin esperar méritos. Sin embargo, la semana previa al evento sirvió para asimilarlo y dedicar el reconocimiento a todas aquellas personas que trabajan a diario y de forma altruista por los demás.
Mencionabas tu participación en las fiestas de Yuncos 2025 como pregonero.
Sí, así es.
¿Cómo viste el encargo de pronunciar el pregón de las fiestas de su propio pueblo?
Supuso una profunda emoción. Cuando me lo propusieron por teléfono, la reacción física y emotiva fue inmediata. Luego aparecieron los nervios por la responsabilidad de expresarme correctamente, transmitir el mensaje adecuado y estar a la altura ante mis vecinos. Considero que dar el pregón de mi pueblo se mantendrá como uno de los recuerdos más gratificantes de mi vida.
Asumiste la presidencia de Cáritas en Yuncos con apenas 20 años, convirtiéndose en uno de los responsables más jóvenes de la organización en Castilla-La Mancha. ¿Qué le llevó a asumir esa responsabilidad?
Con 17 años —a falta de un mes para cumplir los 18— me sumé al grupo que estaba constituyendo Cáritas en Yuncos. La mayoría de los integrantes eran personas mayores. Decidieron que los jóvenes asumiéramos la representación: mi amiga Alicia pasó a ocupar la vicepresidencia y a mí me eligieron presidente.
Recuerdo aquella etapa con nostalgia y satisfacción. Desde Cáritas Toledo nos solicitaban con frecuencia para impartir charlas en escuelas de oficios, participar en cursos o visibilizar el voluntariado juvenil en medios. Fue una época exigente en Yuncos debido al notable flujo migratorio y al incremento de familias con necesidades complejas. Desarrollamos proyectos exigentes pero gratificantes, como la recogida y distribución de mobiliario donado por empresas.
«El economato aporta dignidad: la persona entra en un establecimiento comercial y tiene la opción de elegir los productos que realmente precisa.»
Un hito decisivo en la gestión de la ayuda social fue la transición de la entrega tradicional de bolsas de alimentos al modelo de economato. ¿Por qué resulta tan relevante que las familias elijan directamente los productos que precisan?
La acción social evoluciona. La entrega cerrada de alimentos acaba restando calidez y puede resultar impositiva. El economato aporta dignidad: la persona entra en un establecimiento comercial y tiene la opción de elegir los productos que realmente precisa, contando siempre con variedad donde escoger.
Asimismo, se evita el desperdicio alimentario, ya que las familias no acumulan productos que no consumen habitualmente. El sistema les permite administrar un importe asignado en función de la valoración de los servicios sociales. Nosotros no decidimos arbitrariamente las concesiones; la derivación y la asignación económica corresponden íntegramente a los trabajadores sociales.
Mencionabas la dignidad como elemento central.
La dignidad debe ser un principio universal, no reservado exclusivamente a quien se halla en situación de vulnerabilidad. La función del voluntario consiste en acompañar sin generar condescendencia ni hacer sentir mal a la persona receptora de la ayuda.
Acumulas más de dos décadas colaborando como voluntario en las peregrinaciones a Lourdes. Ante realidades complejas de enfermedad y discapacidad, ¿Cómo gestionas el impacto emocional de esa labor?
La experiencia en Lourdes se comprende plenamente al vivirla. Durante esos cinco días acompañamos a personas que conviven de forma permanente con la enfermedad o la discapacidad. No acudimos desde la tristeza o la compasión, sino con el objetivo de compartir un espacio de convivencia donde las dificultades habituales queden en un segundo plano. La gratitud y el afecto que transmiten los asistentes hacen que los propios voluntarios regresemos reconfortados.
De esas más de dos décadas de acompañamiento, ¿Qué aprendizaje principal te trajiste contigo?
Si Dios quiere, este año cumpliré mi vigesimocuarta peregrinación. El principal aprendizaje es que, aunque acudimos para ofrecer ayuda, son ellos quienes nos enseñan y nos ayudan a nosotros. Son las personas acompañadas quienes deciden abrirnos la puerta de su vida. Su vitalidad y su afán de superación se convierten en una lección constante. En el voluntariado siempre se recibe más de lo que se aporta.
«La hermandad debe ir más allá de los actos religiosos: tiene la vocación de crear comunidad, fomentar la convivencia y mantener proyectos de apoyo social constante.»
Como presidente de la Hermandad de la Virgen del Consuelo, has impulsado un mayor compromiso social de la entidad. ¿Por qué consideras indispensable que una cofradía trascienda el ámbito exclusivamente procesional o festivo?
La prioridad fundamental de la hermandad es la organización de los cultos y actos en honor a nuestra patrona, la Virgen del Consuelo; ese es el eje de nuestra actividad. Sin embargo, la propia palabra «hermandad» implica cohesión social e implicación con la comunidad.
Por ello, mantenemos líneas de colaboración anuales con diversas entidades y ONG, tales como la Asociación APACE Toledo o DOWN Toledo, participando activamente en sus causas. Sin perder la identidad religiosa, la hermandad puede y debe intervenir en diversos ámbitos de carácter social.
El relevo generacional constituye un reto frecuente en el asociacionismo. Ante el crecimiento demográfico de Yuncos y la llegada de población joven, ¿Qué estrategias empleáis para acercar las tradiciones a las nuevas generaciones?
La primera medida consiste en darnos a conocer desde la infancia. Colaboramos con los centros educativos mediante concursos de dibujo, relatos cortos y poesía; en la edición de mayo contamos con la participación de más de 400 escolares.
Adicionalmente, promovemos la vinculación juvenil a través del deporte, organizando el Trofeo Virgen del Consuelo en modalidades como fútbol masculino y femenino, tenis, pádel, rugby y baloncesto. El deporte constituye una vía eficaz para integrar a los jóvenes en la vida social de la localidad, manteniendo simultáneamente el respeto por nuestras tradiciones.
¿Qué recomendación dirigirías a un vecino que desee iniciarse en el voluntariado y no sepa cómo dar el primer paso?
Mi consejo es comenzar de forma progresiva. Lo primero es tender la mano: siempre habrá alguien dispuesto a recibir la ayuda. Existen múltiples canales y organizaciones, como las distintas sedes de Cáritas o diversas ONG, que precisan colaboradores. Lo fundamental es dar ese primer paso con disposición abierta.
Para finalizar, ¿Qué mensaje te gustaría transmitir a los lectores?
Suelo recordar una frase: «La solidaridad es el puente que une corazones». Animo a la sociedad a continuar construyendo esos puentes y a consolidar el compromiso solidario en el día a día.


